Soldado Urbano – cambio de domicilio

Desde la infancia ha sentido especial el momento de cambiar las sábanas.
Daba la impresión de que la frescura a la hora de dormir se igualaba a los
gestos de voluntad de un razonable cambio de vida. Si bien, en cualquier
circunstancia en la que ha decidido, en noches de absoluta “cordura” dejar de
fumar, o alejar un pensamiento opresor de su cabeza, se ha levantado con un
fuerte deseo de cambiar las sábanas. Las veces que no es realizado el ritual,
la voluntad etérea desaparece al paso de las primeras horas. Por el contrario,
cuando le resto a su cuerpo 15 minutos de una de sus actividades favoritas,
para despertarlo y ponerlo a airear ese metro y algo de algodón, esos días, la
voluntad encuentra un cimiento sobre el cual decide hacerse poderosa. Nunca
se sabe cuánto puede durar, pero decididamente tiene un mejor comienzo. Se
pregunta a veces, como esas pequeñas acciones pueden cambiar o aparentar
cambiar todo el curso de un día, de dos, o de miles.


Definitivamente hay días que es mejor ni siquiera pensar en ese cambio,
porque podría ocurrir que se empezara a pasar días seguidos con sábanas
impolutas y hacer un cambio reiterado, buscando en ellas el deseo de la
voluntad. No, así no funciona, el proceso debe ser siempre en sentido correcto:
voluntad – sábanas, sábanas – dejar de fumar. Voluntad – sábanas, sábanas
– ejercicio. Voluntad – sábanas, sábanas – valor. No viceversa, hay peligro de
que se convierta en un vicio traicionero, con vetas de esperanza y escondida
realidad.

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