Simplemente Energía
Aparece la paz, la no desesperación por los acontecimientos fuera de control,
el traslado de pensamientos lanzados a toda velocidad gritando auxilio. Ha
aparecido el entendimiento absoluto y temeroso. Irónico y burlón.
En este momento no hay secuestros de aire, ni arcadas de deseo… en estos
momentos hay una tierna esperanza que asoma por alguna parte el aspecto de
certeza. De las miradas buscadas y encontradas, de las caricias tan anheladas,
de los planes y reconquistas, de lo pleno.
Si bien la voz puede ser escuchada a distancias inimaginables, los gritos
de impaciencia han cesado, dan lugar al llamado del encuentro. Al que no
esconde pero debilita, el que alegra y aterra.
Es el valor fugaz, de minutos, de dejar ir.
Es el miedo inminente de perder. La huida del vacío y el coraje de la fe.
Se pone de pie, tiemblan sus piernas, pero el atractivo aumenta cuando se
toma la decisión de levantar la mirada. El Soldado grita, desde adentro grita… no sabe si
va a ser escuchado su llamado, lo ha intentado varias veces, ha ganado y ha
perdido. Hay algo, lo sabe. Pero no sabe que tan fuerte debe gritar.
Hará silencio por unos momentos, necesita recibir una llamada porque su voz
se cansa de necesitar.
No dejará de sentir, pero por un rato dejará de gritar.
