culpando al aire…
Hoy en la marcha, el soldado camina tranquilo. Desde que despertó ha sentido una brisa triste acariciándole los dedos y un pequeño silbido de alarma que hoy ni siquiera sirve de alerta. Está cansado de caminar sin ganas en momentos inoportunos, en momentos donde se debería apasionar por lo árboles y las nubes… pero el aire está muy triste y no lo deja mirar con claridad… el aire está muy triste y quiere que él también entristezca… pobre del aire con su omnipotencia, con sus idas y venidas, con sus viajes eternos. Cuánta responsabilidad desagradecida por todos. Por eso desea entristecer al soldado y así sentirse acompañado. Lo ha visto esta mañana desprevenido intentando sentirlo feliz en su cara y ha pensado que era la oportunidad perfecta. El soldado sabe que debe librarse, pero incluso siente pena por lo incomprendido que debe sentirse tan grande y tan libre. Decide acariciarlo, despacito entra por su nariz aspirado con ternura, recorre el interior de su cuerpo con la sutileza de una pincelada, va bajando y lo siente pasearse por cada resquicio y estremecer sus poros. Le agradece al exhalarlo cada espacio que ha sentido vivo pero le pide que se marche. El aire intenta tentarlo con su droga infinita de bienestar, que hoy está contaminada y por muy atractiva que luzca el soldado sabe que debe alejarlo.
Decide sonreirle y sigue caminando. El aire perplejo camina junto a él porque desea contaminarse de su tranquilidad. Así que decide sonreírle nuevamente.
