Un cable eléctrico corre por su cuerpo. Miles de números caminan por su cerebro ya bloqueado de ver casillas repletas de fórmulas, porcentajes y signos de monedas que en el papel danzan divertidos para confundirlo. La electricidad sale de cada cuadradito del teclado empezando el recorrido por sus uñas, subiendo a velocidad de la luz por los brazos y alcanzando el resto del cuerpo en milésimas de segundos. El Soldado no puede quedarse sentado y ya sus ojos enloquecen mirando las casillas. Se confunden entre sí haciendo sumas incalculables y generando daños colaterales en el restos de sus acciones del día y por supuesto en su cerebro. Le han enseñado que es importante limpiar los ruidos de su cabeza, pero en este instante sólo es capaz de escuchar el taladro y los micrófonos de la manifestación que está a punto de tener lugar a unos pocos metros de su casco protector. Las luces blancas nublan su vista dibujando bombitas de colores por dónde se atreva a dirigir la mirada. Cierra los ojos, y un enorme rompecabezas de rectángulos verdes se van apagando. Respira profundamente y hace cortocircuito cuando los altavoces de la calle suenan estrepitosamente. El rayo ya ha salido de su cuerpo y ha vuelto la serenidad.
